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martes, 15 de enero de 2008

Irrealidad


En estos tiempos, es casi una obviedad que un mayoritario porcentaje de los medios de comunicación masivos pertenecen a corporaciones y grupos de poder cuyo casi exclusivo interés reside en controlar la opinión pública, o intentarlo, mediante el uso descarado de la magia editorial. Lo vemos a diario con los casi 40 minutos de delincuencia en las noticias y con cada programa de “periodismo investigativo” cuya pauta, cada vez más, tiene que ver con la idea generalizada – y lamentablemente tragada casi sin mascar por el ciudadano gomero – de que vivimos en un país de caos, en que la inseguridad y el riesgo son una cosa ya insostenible, que el estado de derecho no tiene ya substancia y somos testigos de la peor época en cuanto a estabilidad de la historia de Chile. Datos citados por mi gran amigo Germán Torres, si no me equivoco presentes en el último libro de Raúl Sohr, connotado analista internacional, dicen que se produce, en esto, una graciosa paradoja: Chile está considerado entre los 10 países más seguros del mundo, sin embargo el 80% de la población declara sentirse “inseguro y atemorizado”, superando esta última cifra a las mediciones equivalentes en Colombia, por ejemplo, México, y otras naciones de volcánica y apocalíptica convulsión interna. Que el 80% de los chilenos se sientan inseguros, superando en términos porcentuales la sensación de inseguridad del colombiano promedio, evidencia dos cosas: la primera, que somos unos mamones y nacimos sintiendo, constantemente, que el de al lado nos quiere joder; segundo, que los medios, transmitiendo editoriales y visiones de mundo de sus financistas y dueños, han hecho su trabajo de generar inseguridad con el más completo grado de éxito. Los noticieros siguen siendo el principal medio por el cual los chilenos nos informamos, y “lo que sale en la tele” sigue siendo LA VERDAD para muchos, demasiados, casi todos quienes poblamos esta villa-estado llamada Chile.

En virtud de lo anterior, resulta difícil no caer en la tentación de descartar automáticamente cualquier tipo de significado que apunte en la dirección de “la sensación de caos”. Sin embargo, ciertas noticias y la magnitud de su horror, en cuanto a lo que expresan y señalan del estado de ciertas áreas de nuestra sociedad, suspenden la mirada crítica y, en mi caso, generan una respuesta emotiva. Me enoja que el famoso skater haya salido libre, que no se considere alevosía, que se le de un castigo equivalente a una palmada en el traste al agresor, y que el encogimiento de hombros de los llamados a hacer justicia sea, una vez más, la respuesta “por default” ante una sentencia evidentemente blanda, pusilánime e híper – garantista. La noticia puede leerse bastante rápidamente en La Tercera.cl

Mi opinión es la misma que hace unos meses: los jueces tienen heces en vez de sesos. A estas alturas, ya no acepto otra explicación.

Opiniones, estimadas y estimados.

en la foto, Collin Fetter, el estudiante agredido.